“Crónicas de montaje: Rodrigo Saquel”

Por 19/07/2022 julio 25th, 2022 Destacado, Publicaciones

Rodrigo Saquelayudante de montaje

Minibio

Rodrigo Saquel se graduó en Comunicación Audiovisual en Chile y tiene un Máster en Montaje en la National Film and Television School (NFTS) en Londres.

Su trayectoria profesional incluye proyectos documentales, de ficción, proyectos experimentales y videos de música tanto de la mano de directores chilenos como extranjeros.

Mensajes Privados es una película íntima en la que ocho actores cuentan historias reales, algunas son sus propias historias y otras son interpretadas por los actores; finalmente todas son historias reales.

Es una película coral, los relatos se van mezclando para hablar de distintas realidades como el abuso de menores, la violencia intrafamiliar, el engaño, la paternidad no asumida o los cánones previamente establecidos de familia, invitándonos a reflexionar y pensar sobre nuestra propia vida. La película nos interroga sobre nuestro mundo privado, sobre nuestros secretos, nuestros dolores y sobre aquello que hemos callado y ocultado a veces por años.

El proceso de montaje duró alrededor de 6 meses y fui la única persona en el equipo. No teníamos un deadline y, por la naturaleza experimental del proyecto, fuimos probando durante este período diferentes ideas hasta llegar a un corte que nos convenciera y que fuera honesto con el material que nos iban entregando los actores.

Desde el día cero no sabíamos bien a lo que íbamos a llegar o a encontrar en el proceso. Fue muy motivante comenzar un trabajo en el momento más duro de la pandemia que no se trataba de la pandemia, pero sí que en este contexto nosotros pudiéramos crear algo y generar un diálogo (interno y externo) con respecto a lo que nos estaba pasando a todos quienes estábamos involucrados en la película. 

El proceso de entrega del material fue bien espaciado, porque el proyecto fue rodado durante la pandemia con monólogos de diferentes actores que vivían en distintas partes del mundo, y que registraban desde sus casas con sus propios teléfonos móviles. 

Matías Bize, el director, fue contactando a los actores para participar en el proyecto y de a poco fueron enviando el material. Algunos actores se demoraron en grabar porque para ninguno de ellos era muy fácil encontrar el momento propicio de grabación (estar solos en casa en pandemia era casi imposible) y también porque no era una tarea fácil contar historias tan fuertes sin contar con la ayuda presencial del director. Por eso, la estrategia que utilizamos para ir conociendo a fondo el material fue ir editando monólogo por monólogo, y en ese proceso fuimos probando estilos de montaje y recogiendo lo mejor de cada interpretación.

Como el material de los actores iba llegando mientras editábamos la peli, habían momentos en los que esperábamos tener el material nuevo o una nueva toma para continuar editando, entonces en general esos momentos eran los que nos daban espacios para poder tomar distancia de la peli.

Cuando tuvimos todo el material también hicimos pausas, pero nos pasó que nos dimos cuenta que teníamos algo interesante que contar y mostrar y nos empezamos a apurar para terminar la película. Fue una suerte de ansiedad positiva.

La dinámica con el director fue bien distinta a la que había tenido antes como montajista. Matías estaba en México y yo en Chile. Vivíamos el momento más duro de la pandemia y comenzamos a trabajar juntos. Entonces lo que hicimos fue hablar muchas horas por teléfono, ni siquiera eran videollamadas o zoom porque Matías estaba en un lugar con una señal muy débil de internet. Nunca nos vimos las caras en todo el proceso de la peli.

Fue un proceso lento porque la señal de internet de Matías era muy baja. Entonces yo recibía el material de los actores y hacía un export en baja calidad (la parte aburrida del proceso, jeje). Matías descargaba los archivos con más facilidad, veíamos los monólogos y conversábamos acerca de ellos , y una vez editado le enviaba un corte a Matías. 

Esta era la parte más entretenida del proceso, porque empezaban a salir las ideas. Muchas veces yo le mandaba a Matías mis cortes “Frankenstein”, como les llamo yo, que son cortes en bruto, a veces muy torpes, pero con alguna idea detrás, y Matías sin esperar ver un corte perfecto lograba captar la esencia de mi propuesta. Aunque no quiero decir que con esto a le gustara todo, jeje. Creo que muchas de las cosas que hice no funcionaban, pero ayudaban a sacar otras ideas para volver a editar. 

Cuando Matías veía el material, me hacía muchas propuestas y me llegaban millones de mensajes de audio con sus ideas a todas horas (silencié sus mensajes en la noche, jeje). Cuento esta anécdota de los audios a modo de broma y en serio porque, a pesar de la distancia, Matías siempre estuvo preocupado y presente en el montaje. Y fue así, entre prueba y error, que fuimos descubriendo el corazón de la película. En resumen, fue un trabajo de colaboración muy abierta entre director y montajista.

La estructura de la película fue apareciendo naturalmente mientras íbamos editando e iban llegando los monólogos. La estrategia de editar los monólogos por separado nos ayudó a tener un buen control sobre el material entonces pudimos establecer conexiones que nos interesaban y que la película pedía. Podríamos decir que es una película coral, porque son ocho actores que van contando sus historias y que durante el metraje vemos sus relatos intercaladados.

Para mí la película trata de la familia y todo lo que sucede dentro de ese núcleo, como el amor, desamor, abandono, violencia física y violencia sexual. Entonces fue en el cruce de todos estos temas que intentamos hacer conexiones lo más sutiles posibles, para que el espectador viera la película como ocho historias distintas o bien como una sola historia. 

Por la naturaleza del rodaje la película tenía ciertas “limitaciones” visuales; los actores se grabaron en sus casas, mirando a cámara, y fueron ellos los directores de fotografía. La estética de la peli es muy parecida a una videollamada con cámara fija (zoom). Entonces el desafío mayor a nivel de cortes era encontrar la forma de hilvanar estás historias para que conectaran y también tuviéramos pequeños respiros (pestañeos) entre personaje y personaje. Así surgieron los cortes a negro que hay en la película, que sirven para pasar de un personaje a otro, para hacer cortes entre un mismo personaje, pero principalmente para darnos pequeños respiros en esta historia donde los relatos son lo que sostienen la narrativa.

No hay un corte diferente de la película, solo hubo cortes anteriores muy parecidos al de final que sabíamos que había que pulir. 

Extrañamente no hubo una secuencia en particular que me haya gustado más, siento que la película es una sola gran secuencia que fui descubriendo mientras editaba en el encierro en medio de una dura cuarentena. Sí recuerdo que hubo una secuencia que fue diferente y que nos ayudó mucho para el cierre del proyecto. Una de las actrices contaba una historia muy personal y surgió la idea de preguntarle si tenía imágenes de lo que nos estaba contando y nos respondió que sí y de manera muy generosa nos compartió este material, que sin duda ayudó a dar un cierre, para mi gusto perfecto, a la película. 

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